Economía a ritmo de Beatles

En uno de los comentarios que cada día envía por correo electrónico, Phil Suttle, economista jefe del Instituto de Finanzas Internacionales, apuntaba que, en los últimos tiempos, la economía global se parece mucho a la canción de los Beatles It’s getting better [Cada vez mejor]. Suttle veía el parecido en que en cada arranque de año el consenso era que se iba a producir una mejora en las perspectivas de la economía global para darse cuenta, no más lejos de mayo, de que la realidad echaba por tierra tan optimistas previsiones y de que la economía iba a comportarse mucho peor de lo previsto. Al año siguiente, vuelta a empezar.

Algo así es lo que sucede este ejercicio, en el que el futuro se perfila mejor que el pasado más cercano. Pero nada de ello garantiza que ese pronóstico vaya necesariamente a cumplirse. Tampoco en este año. Ahí coinciden, mayoritariamente, los expertos deEconomismo que han participado en este debate: Mauro Guillén, Santiago CarbóJosé Luis MartínezJosé García Solanes y Juan Ramón Cuadrado.

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El primero -por madrugador- de ellos, Mauro Guillén, director del Lauder Institute en la Wharton School de la Universidad de Pensilvania, insiste en este punto. “Los últimos indicadores económicos, políticos y geo-estratégicos no conducen al optimismo. El mal comportamiento de las economías alemana y francesa durante el último trimestre de 2012 nos recuerda que la segunda recesión en la Eurozona va a prolongarse más de lo esperado”, subraya. Guillén pone el acento en la cuestión de la guerra de divisas y alerta de las consecuencias de la falta de acuerdo al respecto en el G-20, “algo que podría llegar a provocar una verdadera guerra comercial”. En su opinión, con los crecientes enfrentamientos en Asia y la caótica primavera árabe, “la tendencia es hacia más caos, más volatilidad y una etapa de dificultades económicas”.Santiago Carbó, catedrático de Economía y Finanzas de la Bangor Business School, diferencia por áreas geográficas. “Aunque hay partes de le economía global que han pasado el punto de inflexión, no está claro que la economía global en su conjunto lo haya pasado completamente. La gran duda se sigue llamado Europa”, subraya. Lo cierto es que la debilidad mostrada por la economía europea en el último trimestre de 2012 no deja mucho margen para el optimismo, frente a lo que Carbó cree que Europa debería demostrar mayor capacidad de resolución para alcanzar acuerdos que puedan llevar a la economía europea a un nuevo terreno de crecimiento y prosperidad, como el acuerdo comercial con EE<TH>UU y los planes de reforma que mejoren la competitividad en determinadas economías. Carbó, además, advierte de que “algunos emergentes como Brasil tienen problemas, y está por ver cómo los resuelven”.José Luis Martínez, estratega de Citigroup para España, recalca las discrepancias existentes a la hora de valorar la magnitud de la recuperación, su solidez y su uniformidad. “Sigo pensando que el principal lastre para el crecimiento mundial es la acumulación de deuda durante los últimos quince años”, concluye. Martínez matiza que el ajuste ha ido más rápido en algunos países que en otros, pero que los niveles de deuda, la privada y la creciente deuda pública que vemos, obligan a ser muy cautos con respecto a la solidez de la recuperación. Más aún, dice Martínez, si tenemos en cuenta “la posición de los bancos centrales, los verdaderos protagonistas de que ahora estemos menos pesimistas, pero también los que pueden haber generado con sus decisiones excepcionales, en función de la liquidez y los tipos nulos, nuevas amenazas a medio y a largo plazo”, como inflación, retraso en los ajustes, errónea valoración de activos… “Recuperar el crecimiento es clave”, subraya Martínez, al tiempo que recuerda que con la demanda interna limitada solo resta la inversión internacional y la mejora de la demanda exterior. “El problema es que todos, me refiero a los países desarrollados, pensamos lo mismo. ¿Entienden el debate sobre las divisas?”.José García Solanes, catedrático de la Universidad de Murcia, cree que “es muy difícil hablar de un ciclo económico global”, ya que la recuperación varía en función de la respuesta que hayan dado los distintos gobiernos nacionales a las causas de la crisis. “Mientras que en Estados Unidos, Japón y los países emergentes, especialmente los asiáticos, se están adoptando políticas monetarias y fiscales expansivas, en la zona euro se persiste en los ajustes y se corta de raíz cualquier sugerencia de estímulos”, apunta. Para García Solanes, las consecuencias de esa falta de estímulos en Europa “podría acentuarse si se confirma y perdura la guerra de divisas y otras acciones proteccionistas por parte de los países asiáticos. Esa es la principal amenaza, porque podría llevarnos a un empeoramiento económico generalizado”, sostiene el catedrático, que defiende una discusión al respecto en los organismos internacionales.Juan Ramón Cuadrado, catedrático de la Universidad de Alcalá, hace un exhaustivo repaso a las previsiones económicas para este ejercicio por zonas y concluye que aunque “hay razones para un cierto optimismo sobre la evolución económica en 2013 a escala mundial”, lo cierto es que “la historia va por barrios”. Por un lado, las economías avanzadas no crecerán, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), más allá de un 1%, frente a un promedio del 5% al 5,5% de los mercados emergentes. Unas perspectivas que no suponen un cambio significativo respecto a 2012, pero donde subsisten riesgos importantes: la situación fiscal de Estados Unidos y la inseguridad que emana la Eurozona, con bajos crecimientos de los países centrales y dificultades claras en los países periféricos. “Las expectativas a escala mundial para 2013 son, sobre todo, muy dispares, aunque la tónica dominante permite ser algo más optimistas que lo éramos en los últimos meses de 2012. Sobre todo en el ámbito europeo”, apunta el catedrático. “Todo ello, por supuesto, con permiso de lo que ocurra en EE<TH>UU en los temas fiscales y también en relación con las posibles mejoras en la Eurozona, donde una flexibilización de los plazos para recortar el déficit fiscal podría dar un modesto impulso y generar más confianza, tanto en los consumidores como en los inversores de los países periféricos y de España en particular”.

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